
Sigo, sigo que ya voy acabando...
Día 11 (16/8) Munich
La peor noche de dormir de todas, despertamos a las pobres chinas, que deshicieron el chiringuito que habían montado en un segundo, madre mía que mujeres mas hiperactivas. Bajamos en Salzburgo, hacía frío, estábamos cansadas y era de noche profunda, así que Salzburgo queda como asignatura pendiente.
Pillamos el tren hacia Munich y yo me quedé dormida profunda abrazada a mi mochila, no abrí un ojo hasta llegar, al menos pude dormir un poco.
Por la buena noche que habíamos pasado y como nos habíamos calado el día anterior lo primero que queríamos era cambiarnos y ducharnos en el albergue, por un golpe de suerte no nos perdimos, y encontramos rapidito el albergue, pero como no todo podía ir bien, no nos dejan subir a las habitaciones hasta las 5 de la tarde, eso si, nos guardan las mochilas y el chico nos recomienda que vayamos a hacer turismo…
Nos vamos al centro de la ciudad, miramos la propaganda y decidimos apuntarnos aun free-tour, para hacer tiempo nos dedicamos a desayunar un café aguado con un bretzel y andar como zombis calle arriba, calle abajo, yo llego a plantearme el comprarme ropa nueva que no nos habíamos cambiado, al menos el tiempo fue clemente y hacía fresquito y no llovía, menos mal, así cantábamos menos.
Nos reunimos con los demás españolitos del free-tour, pero éramos muchos y nos dividen en dos grupos, en esto lo tenemos claro, en el que no haya niños…
La ciudad es muy chula, el tener una persona que te explica las cosas ayuda mucho, además coincidimos con una guía muy maja de Tenerife, vemos el número del reloj del ayuntamiento: unas figuras de bronce pintado a tamaño natural que representan una boda con unas justas, el baile de los cerveceros y acaba con un gallo afónico, una turistada, pero curioso y salimos rumbo a la catedral, las torres, el museo, el mercado, las cervecerías, la ópera, los leones, el novio impresionante de la chica de Tenerife….
Acabamos al mediodía y le dimos lo que pudimos teniendo en cuenta que aparte del albergue no gastábamos casi nada porque de dinerillo íbamos algo justas y fuimos a la zona de las universidades a buscar algo que comer a buen precio y que llenase o lo que es lo mismo a por unas salchichas.
Acabamos recorriendo una avenida gigante, pasándonos lo de las universidades y lo peor de todo se nos hizo tarde para comer, que en esos países se come a la hora del vermouth, yo ya tengo un hambre que no puedo ni andar y las barritas están en el albergue, como son las cinco y pico, volvemos al albergue, para variar no entendemos nada en recepción, además estamos muy cansadas, con hambre y sueño, no es nuestro momento mas lúcido del viaje precisamente…
Conseguimos llegar a la habitación, nos duchamos, cambiamos de ropa y pillamos unas barritas, ya de mejor humor y cuerpo nos vamos al centro a ver la ciudad un poco por nuestra cuenta y buscar algo para comer, que por cierto, vemos a mister Munich que lleva un bici taxi de esos y si no era mister Munich él se lo creía porque estaba de pose en la bici.
No encontramos nada económico y que nos llame la atención para cenar y se hace de noche, nos vamos por la zona del albergue que algo habrá...
Con la suerte ya de culo, encontramos un sitio pero hay cola y seguimos andando calle alante como un par de kilómetros para parar en la siguiente estación de metro y acabar comiendo un kebap para comer algo caliente, nos vamos para el albergue, esta vez sentaditas en el metro, a mi me apetece mucho tomarme una cervecita en el bar del albergue pero Rebeca está en modo Pepito Grillo y opina que no estamos para desfases y que al día siguiente tenemos que madrugar para ir a Fussen, así que nada, a la habitación.
En la habitación nos encontramos con dos japos, con pinta de japos y haciendo el japo, o sea, nada y yo gruño mucho porque quería bajar al bar y no estar con dos estatuas orientales de esas, pero reconozco que según toqué la almohada me quedé frita y no abrí un ojo hasta que ya era de día otra vez, seguimos sin persianas, hay que jorobarse…
La peor noche de dormir de todas, despertamos a las pobres chinas, que deshicieron el chiringuito que habían montado en un segundo, madre mía que mujeres mas hiperactivas. Bajamos en Salzburgo, hacía frío, estábamos cansadas y era de noche profunda, así que Salzburgo queda como asignatura pendiente.
Pillamos el tren hacia Munich y yo me quedé dormida profunda abrazada a mi mochila, no abrí un ojo hasta llegar, al menos pude dormir un poco.
Por la buena noche que habíamos pasado y como nos habíamos calado el día anterior lo primero que queríamos era cambiarnos y ducharnos en el albergue, por un golpe de suerte no nos perdimos, y encontramos rapidito el albergue, pero como no todo podía ir bien, no nos dejan subir a las habitaciones hasta las 5 de la tarde, eso si, nos guardan las mochilas y el chico nos recomienda que vayamos a hacer turismo…
Nos vamos al centro de la ciudad, miramos la propaganda y decidimos apuntarnos aun free-tour, para hacer tiempo nos dedicamos a desayunar un café aguado con un bretzel y andar como zombis calle arriba, calle abajo, yo llego a plantearme el comprarme ropa nueva que no nos habíamos cambiado, al menos el tiempo fue clemente y hacía fresquito y no llovía, menos mal, así cantábamos menos.
Nos reunimos con los demás españolitos del free-tour, pero éramos muchos y nos dividen en dos grupos, en esto lo tenemos claro, en el que no haya niños…
La ciudad es muy chula, el tener una persona que te explica las cosas ayuda mucho, además coincidimos con una guía muy maja de Tenerife, vemos el número del reloj del ayuntamiento: unas figuras de bronce pintado a tamaño natural que representan una boda con unas justas, el baile de los cerveceros y acaba con un gallo afónico, una turistada, pero curioso y salimos rumbo a la catedral, las torres, el museo, el mercado, las cervecerías, la ópera, los leones, el novio impresionante de la chica de Tenerife….
Acabamos al mediodía y le dimos lo que pudimos teniendo en cuenta que aparte del albergue no gastábamos casi nada porque de dinerillo íbamos algo justas y fuimos a la zona de las universidades a buscar algo que comer a buen precio y que llenase o lo que es lo mismo a por unas salchichas.
Acabamos recorriendo una avenida gigante, pasándonos lo de las universidades y lo peor de todo se nos hizo tarde para comer, que en esos países se come a la hora del vermouth, yo ya tengo un hambre que no puedo ni andar y las barritas están en el albergue, como son las cinco y pico, volvemos al albergue, para variar no entendemos nada en recepción, además estamos muy cansadas, con hambre y sueño, no es nuestro momento mas lúcido del viaje precisamente…
Conseguimos llegar a la habitación, nos duchamos, cambiamos de ropa y pillamos unas barritas, ya de mejor humor y cuerpo nos vamos al centro a ver la ciudad un poco por nuestra cuenta y buscar algo para comer, que por cierto, vemos a mister Munich que lleva un bici taxi de esos y si no era mister Munich él se lo creía porque estaba de pose en la bici.
No encontramos nada económico y que nos llame la atención para cenar y se hace de noche, nos vamos por la zona del albergue que algo habrá...
Con la suerte ya de culo, encontramos un sitio pero hay cola y seguimos andando calle alante como un par de kilómetros para parar en la siguiente estación de metro y acabar comiendo un kebap para comer algo caliente, nos vamos para el albergue, esta vez sentaditas en el metro, a mi me apetece mucho tomarme una cervecita en el bar del albergue pero Rebeca está en modo Pepito Grillo y opina que no estamos para desfases y que al día siguiente tenemos que madrugar para ir a Fussen, así que nada, a la habitación.
En la habitación nos encontramos con dos japos, con pinta de japos y haciendo el japo, o sea, nada y yo gruño mucho porque quería bajar al bar y no estar con dos estatuas orientales de esas, pero reconozco que según toqué la almohada me quedé frita y no abrí un ojo hasta que ya era de día otra vez, seguimos sin persianas, hay que jorobarse…
p.d- la foto es del grupo de castellano del free tour, por ahí hay dos pequeños hobbits con pinta de no haber dormido, no haberse duchado, tener hambre y haberse calado el día antes